MARTINA

 

Martina…esa niña preadolescente, tan mona, tan graciosa, tan generosa (a veces) y tan respondona.

Rubia, ojos azules, ni gorda ni flaca, altura media…demasiado guapa en algunas ocasiones, en otras por culpa de sus borriqueras la convierten en la niña más fea del mundo.

Lista, (de tonta no tiene un pelo) flautista, trompetista y trastera lo que más.

Podría añadir muchísimos más adjetivos para ella pero poco a poco la iréis conociendo.

Nació un diecinueve de abril de 2006, de treinta y siete semanas, fue un parto con cesárea puesto que su hermano Bruno había nacido apenas diecisiete meses antes también por cesárea.

Cuando su hermano nació era precioso, aún recuerdo cuando Virtudes (mi ginecóloga) lo sacó en brazos para que toda la familia lo conociera, pues con Martina sucedió algo muy diferente. Nació roja como un tomate, llena de manchas por todos los sitios, demasiado pequeña pero lo justo para no entrar en incubadora, y lo más fuerte de todo es que tenia el pelo negro como un tizón y unas patillas como las de la Pantoja. Evidentemente Virtudes no la sacó 🙂 prefirió esperar a que opinasen por ellos mismos.

En fin, era fea, muyyy fea 🙂 🙂

Los familiares que venían a visitarme me decían: es bonita pero claro no tanto como su hermano.

No tuve subida de leche, no pude darle de mamar aunque en el hospital me decían que debía de intentarlo pero yo sabia que aquello no iba para arriba ni de coña! Lloraba sin parar, todo el tiempo, día, noche y entre medias hasta que cuando me volví a mi casa mandé a mi marido a la farmacia a por un biberón y leche…pues de este modo Martina pasó a ser “LA BENDITA”, ahí empezó a crecer.

Siempre a su bola, resuelta como ella sola, comía chicle con un año (sin tragar) andaba a los once meses, dejó de llevar pañal al año y medio, se iba con todo el mundo sin ningún problema, se le cayó aquel pelo negro para dar paso a su melena rubia, sus ojos se convirtieron en un azul intenso y un detalle…se come las uñas desde que tiene uso de razón.

No fue al cole hasta los tres años y los primeros días parecía la niña del exorcista pues la pobre venia de pasarlo muy bien siempre con sus iaias y sus tías, pero terminó acoplándose.

Con apenas cuatro años cogió un cuento y se puso a leerlo, nos creíamos que ya sabia leer y es que la señora se había aprendido el cuento de memoria.

Siempre la vestia con aquellos vestidos de Pili Carrera que tanto me gustaban, siempre tan remona.

Podría contar millones de cosas más pero por hoy creo que ya es suficiente, pues la niña dice que quiere salir en todas las entradas que haga en el blog así que la cosa dará para mucho.

Ahora se está haciendo mayor, ante todo no me puedo quejar de ella, es alegre, divertida y alegra la vida a cualquiera, es un regalo que me ha dado la vida y sin lugar a dudas el mejor.

Os contaré más cosas de ella, os repetiré las mismas cientos de veces pero es que una se va haciendo mayor y la mente empieza asumir este tipo de problemas.

Besos!